A Juana Batista servir a los demas le corre por la sangre

La palabra que mejor describe a esta mujer es vitalidad: a sus 69 años no se está quieta y sus días están llenos de actividades,  todas voluntarias.

Esta mujer, menuda de pelo crespo y blanco,  tiene una energía y una sonrisa que –según dice- son su mejor arma para enfrentar la vida.  Todos los días se levanta  a las seis de la mañana y con otros vecinos  del barrio  camina por más de una hora.

Hace 50 años que Juana  se casó con Cris Antonio Núñez  y hace 32 años que viven en la misma humilde vivienda ubicada en  el barrio Progreso de Sabana Perdida.

Juana,  madre de cuatro hijos,  reconoce que desde jovencita comenzó en ella la inquietud de qué podía hacer  para ayudar y orientar a las personas que la rodeaban.  Y así lo hacía: de manera informal siempre estuvo envuelta en  actividades comunitarias.

“Me gusta el trabajo social y siento que Dios me ha dado el don de tratar con la gente,  respeto mucho la forma de ser de cada quien,  me llevo bien con todo el mundo y como este es un don de Dios, por eso hago mi trabajo voluntario y no cobro  por nada de lo que hago”.

En 1998 ingresa en Acción Comunitaria por el Progreso  (Acopro);  en 2001 comienza a colaborar con Profamilia como promotora voluntaria; también colabora en las escuelas Fe y  Alegría;  también imparte catequesis para adultos en la Iglesia América Latina “,

Uno de los trabajos que más la apasiona son las charlas que imparte  como promotora de Profamilia “llevamos mucha educación  a todas los mujeres, especialmente a las jóvenes para que no queden embarazadas a temprana edad; esos talleres son buenísimos, los llevamos a las comunidades y así creamos más conciencia”.

Para Juana, cada día es un reto: “aquí,  en nuestros barrios, tenemos muchas necesidades y eso me impulsa a seguir trabajando cada día; no hay mejor satisfacción que ayudar a nuestros semejantes”.

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